martes, 30 de junio de 2009

Basta.


Néstor Kirchner hizo todo lo imaginable y lo inimaginable para no vestir el traje de mariscal de la derrota que se vio forzado a utilizar anoche, pocos minutos después de las 2 de la mañana cuando comprendió que la diferencia de La Matanza no le bastaría para descontar “esos dos puntitos” que llevaron al triunfo a Francisco De Narvaéz.

Kirchner hizo de todo: gritó, acusó, infundió miedo, apeló a los medios alumbrados y mantenidos a base de publicidad oficial que hasta el último momento no pararon de hacer periodismo basura, descalificó, apeló al fantasma de los noventa, del 2001, cantó la marcha, abandonó la trasnversalidad, la concertación, se convirtió al peronismo con el fanatismo de los conversos, mudó de domicilio entre gallos y media noche, inventó las candidaturas testimoniales, tomó a los intendentes del conurbano de rehenes, repartió plata, anunció obras, salvó empresas con la plata de los jubilados y siguió dibujando las cifras del INDEC. Pero nada lo salvó de la derrota más estruendosa de su vida política, hoy en fase terminal. La primera consecuencia es la inminente renuncia de Néstor Kirchner a la presidencia del Justicialismo, que quedaría en manos del gobernador Daniel Scioli quien seguiría al frente de Buenos Aires; confirmando el carácter testimonial de su candidatura a diputado.

No fueron sólo dos puntitos en la Provincia de Buenos Aires como dijo en la madrugada de hoy, fueron 7 de cada 10 argentinos que dijeron no. Fue el pueblo que mostró su agotamiento de escuchar todas las tardes los retos de la pareja presidencial desde el atril oficial, que se cansaron que les digan que no hay inflación pero que las cosas no dejan de aumentar y del constante estado de guerra que, como única estrategia política, plantea el matrimonio presidencial y sólo es funcional para cubrir sus propias equivocaciones.

Sin lugar a dudas, el análisis más brutal y contundente provino del ex jefe de gabinete Alberto Fernández, que recomendó que “hay que escuchar a la gente, estas no son encuestas ni los medios son las urnas. Ha habido un mensaje muy claro”. Fernández también adjudicó al conflicto originado por la Resolución 125, parte de las causas de la derrota al decir que esa iniciativa “había abierto un debate enorme que no está resuelto”. Precisamente, en la distribución de los votos a nivel nacional se puede observar claramente que el conflicto con el campo ha tenido mucho que ver con la derrota kirchnerista. Claramente, el país ha quedado en tres sectores muy bien diferenciados. El norte del país donde claramente ganó el kirchnerismo: Misiones, Salta, Jujuy, Formosa, Chaco y Tucumán. En esa zona el conflicto con el campo si bien se hizo sentir, el oficialismo pudo amortiguarlo. Los problemas para el oficialismo claramente están en el centro del país y en los distritos más importantes, donde el efecto del conflicto tuvo un peso específico mucho mayor como en Córdoba, Santa Fé, La Pampa (que si bien ganó el peronismo no está alineado con el kirchnerismo) y el interior de la Provincia de Buenos Aires; el conurbano merece un análisis aparte. Finalmente, el sur del país también le fue esquivo al matrimonio. la derrota más estruendosa es obviamente el triunfo del radical Eduardo Costa en Santa Cruz. En Chubut, donde el gobernador Mario Das Neves, se alzó con una cómoda victoria hay que recordar que el chubutense fue el primero en ensayar la idea del post kirchnerismo. "El justicialismo se tiene que dar un debate, los resultados no son los mejores. Se palpitaba una elección muy dura, pero sobre estos resultados amerita una autocrítica. No ha tenido ni el protagonismo ni la participación que corresponde". Es claro que Kirchner no lo podrá blandir como un triunfo propio. En San Juan, el gobernador César Gioja retuvo el distrito con el 54, 3 por ciento, fue uno de los pocos oficialismo que salió fortalecido. “Hay que ver qué cosas hicimos bien y qué mal, tratar de coincidir y si no se coincide, hay instrumentos dentro de los partidos políticos que es la elección interna, que no hay que descartarla para nada”, declaró con Gioja. Frente a la inminencia de la renuncia de Kirchner a la presidencia del justicialismo las palabras de ambos gobernadores parecen haber sido más que premonitorias.

En Mendoza el vicepresidente Julio Cobos cosechó los beneficios de su “voto no positivo”, y el actual presidente del bloque de senadores del radicalismo se adjudicó el 50 por ciento de los votos doblando al candidato del Frente para la Victoria. No hay duda que Cleto se ha convertido en un presidenciable, al igual que Carlos Reutemann que le arrebató el primer lugar a Rubén Giustiniani por sólo 1,67% y que tal vez, después de una transición de Scioli el frente del Justicialismo, ocupe ese lugar de cara al 2011.

El conurbano bonaerense donde Kirchner había jugado todas sus chances fue el campo de batalla de la derrota. Es claro que los intendentes que Kirchner había tomado de rehén, a través de las candidaturas testimoniales, le soltaron la mano. Kirchner tenía sus esperanzas cifradas en La Matanza, pero los 10,96 que le sacó a Francisco De Narvaéz revelan una mala elección porque para descontar allí era necesario por lo menos una diferencia de, por lo menos, el doble. En Tigre, territorio del Jefe de Gabinete Sergio Massa, el Frente para la Victoria ganó por poco pero su mujer, Malena, candidata a concejal, se alzó con una victoria cómoda. No pocas fuentes sostienen que la relación entre Kirchner y Massa se terminó de quebrar definitivamente anoche.

Una semana antes de las elecciones, varios asesores de Daniel Scioli le habían comunicado que los intendentes “habían comenzado a aflojar la presión sobre sus punteros y su principal objetivo fue asegurar sus distritos”. Kirchner está furioso con los intendentes porque lo acompañaron al cementerio pero lo dejaron entrar solo. Hicieron lo que mejor saben hacer: mantenerse en el poder y demostraron una vez más que sus lealtades tienen una fortaleza más que volátil. Kirchner se equivocó y pensó que con solo anunciar unas cuantas obras públicas, pronunciar uno o dos discursos diarios era suficiente. Había señales que el kirchnerismo no supo o no quiso leer, como por ejemplo que los intendentes nunca acompañaron a Kirchner en sus caminatas y en las últimas semanas de campaña preferían mantenerse en un segundo plano, mientras anudaban acuerdos con Francisco De Narvaéz. Los intendentes que ayer le soltaron la mano a Kirchner y en los que él había cifrado sus esperanzas, con los mismos a los que Cristina Kirchner acusó de mafiosos en la campaña del 2005. No cabe duda que De Narvaéz fue enhebrando silenciosamente acuerdos con ellos y ahora deberá profundizarlos si quiere convertirse en el próximo gobernador de la provincia.

Néstor Kirchner no tiene otra salida que renunciar a la presidencia del justicialismo, porque de otro modo lo van a renunciar los gobernadores. Cómo explicar la derrota frente a un dirigente que no hace mucho miraba la política de afuera y bien de lejos. Es cierto que De Narvaéz no sólo ganó porque Kirchner perdió, sino por trabajó mucho y con un objetivo claro mientras que el oficialismo pegaba bandazos y se centraba en estrategias más propias de los salteadores de caminos que en los de la genuina competencia política.

En la Ciudad de Buenos Aires, a Mauricio Macri le debe haber quedado un sabor agridulce. Si bien Gabriela Michetti ganó claramente el distrito, no es menos cierto que la diferencia fue mucho menor que lo que se presagiaba. Queda la impresión que en el PRO de la Ciudad pensaron que la campaña iba a ser más fácil de lo que fue. A Michetti le pasó lo mismo que cuando escucha que una película es muy buena y lo escucha tanto que sus expectativas crecen desmedidamente y cuando finalmente uno la ve al final piensa “no era tan buena”. Eso le pasó a la ex vice jefa de gobierno. Por supuesto que esto no implica dejar de lado la excelente campaña que hizo Pino Solanas, que partiendo desde atrás se ubicó en un segundo lugar y por poco no le arrebata la banca a Elisa Carrió; que es la gran derrotada en el distrito.

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