miércoles, 9 de diciembre de 2009

El amargo sabor de la derrota.


Néstor Kirchner se negó hasta último minuto a admitir la realidad. Previamente, había decidido destruir el acuerdo que sus referentes parlamentarios comandados por Agustín Rossi habían urdido con los bloques de la oposición que consiguieron abroquelarse detrás de una posición común. Sin embargo, cuando Graciela Camaño apareció en el estrado para traspasarle la presidencia de la cámara de Diputados a Pinky, por ser la decana de los diputados el ex presidente tuvo que comprender brutalmente que el resultado del 28 de junio lo había alcanzado.

No hay dudas que el principal dato político fue que la oposición consiguió, por primera vez desde el 2003, formar quorum sin el oficialismo; y que estaban dispuestos a iniciar la sesión sin la presencia del Frente para la Victoria. Decididamente, la oposición dejó las gradas de los espectadores para transformarse en protagonista en equilibrar el poder político. Es cierto que hubo sabor de revancha en las filas de la oposición y en especial en las del peronismo disidente, pero también hubo sabor a victoria en muchos partidos chicos –usualmente cercanos al oficialismo- que decidieron jugar con el Bloque A. Tal vez, la primera factura que debe pagar Kirchner por la ley de reforma política que amenaza a muchas de las agrupaciones que fueron sus aliados durante estos años, y que ahora se sienten injustamente vapuleados en por de fortalecer un sistema bipartidista que los puede poner fuera del juego.

El kirchnerismo aún no puede entender cómo Pino Solanas votó al lado del PRO y de la Francisco De Narvaéz. Pero se olvidan que Solanas ha venido vapuleando al gobierno desde hace mucho, y que la campaña en la Ciudad de Buenos Aires que lo devolvió al Congreso fue posicionada desde la vereda de la oposición.

Lo que sucedió en el Congreso plasmó el resultado del 28 de junio, que gracias a sus últimas victorias en el Congreso el matrimonio presidencial pensó que sus efectos estarían relegados por siempre. Kirchner siempre negoció desde la fuerza, habló de consensos que sólo declamó pero que nunca tuvo intención de practicar, cooptó, acorraló e hizo sentir descarnadamente el poder de los recursos estatales para disciplinar a los díscolos. Esta manera de ejercer el poder hirió a propios y a extraños y en política las facturas siempre se pagan. la oposición le demostró en el Congreso que la Argentina del 2009 no es la misma que la del 2007 cuando ostentaba el 70 por ciento de imagen positiva. No hay dudas que el divorcio con la sociedad empezó con la crisis del campo, donde los Kirchner demostraron un vuelo corto al igual que en la sesión preparatoria del Congreso.

Sin embargo, no hay que dejarse llevar por el triunfalismo porque la oposición es una masa heterogénea, que deberá seguir trabajando en la búsqueda de consensos si quiere ejercer el control sobre el gobierno. El diputado Agustín Rossi y Mauricio Macri coincidieron en que la discusión será ley por ley, y en esta circunstancia el oficialismo tiene una ventaja importante porque sigue siendo la primera minoría. Los bloques que integran el Grupo A deberán afinar sus acuerdos y negociar con generosidad y grandeza porque de otro modo el kirchnerismo puede rápidamente reagruparse y tomar la delantera.

La oposición, contrariamente a lo que pensó Néstor Kirchner, avanzó a paso firme pero con mesura. Podría haber ido por todo y quedarse, incluso, con la presidencia de la Cámara; pero decidieron respetar el acuerdo que el santacruceño desconoció. Y si la estrategia de Kirchner fue que su bloque no bajara para incomodar a los opositores que se habrían visto obligados a sesionar en soledad, el plan se volvió en su contra cuando el Grupo A emitió señales inequívocas que decidiría que Eduardo Fellner siguiera al frente del cuerpo sin el apoyo del oficialismo. Un papelón. Pero además, esa decisión impulsiva propia del ex Presidente, no hizo más que poner en evidencia la fortaleza que había logrado la oposición. Le dejó el escenario libre para que se lucieran.

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