martes, 22 de junio de 2010

El sabelotodo.


“Voy a hablar con Sadous. Estoy convencido de que sabe, como profesional que es, que por ley los embajadores no pueden revelar información confidencial. En caso de hacerlo estarían cometiendo un delito.Un funcionario tiene la obligación de llevar a la Justicia toda información sobre un presunto delito.Como canciller, voy a evitar que se revelen secretos confidenciales que lleven a Sadous a violar sus responsabilidades legales. En lo que a mí respecta también trataré de evitar, con todo respeto por la división de poderes, que el Congreso transforme en un escándalo político algo que no lo es”, declaró el flamante canciller Héctor Timerman a Página 12 en la primera entrevista que concedió luego de su designación.
Sus palabras generaron una polémica que todavía no terminó y fueron interpretadas por el arco opositor como una presión para el embajador Eduardo Sadous, sobre las cuestiones que podría revelar en el Congreso el miércoles que viene cuando se presente frente a la Comisión de Relaciones Exteriores. La diputada Patricia Bullrich (Coalición Cívica) fue la más explícita en este sentido y reveló en Contrapunto que ya está preparando un proyecto para citar al ex Canciller Jorge Taiana.
Eduardo Sadous fue embajador en Venezuela entre 2002 y 2005 y denunció en la justicia que los empresarios argentinos que querían hacer negocios con ese país debían pagar comisiones del 15 al 20% a dos consultores llamadas Palmat y Madero Trading. Además, mencionó que con estos negocios se habrían beneficiado testaferros del gobierno y que la relación comercial con Venezuela era manejada a través de una suerte de embajada paralela dirigida por Claudio Uberti, quien por ese entonces era el director del Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi). Como se recordará, el funcionario se vio obligado a renunciar al cargo por haber estado involucrado en en el escándalo de la valija con U$S 800.000 que llegó a la Argentina en manos de Guido Antonini Wilson.
El fiscal de la causa, Gerardo Pollicita, le preguntó de dónde había obtenido la información. El diplomático señaló que se lo comentaron Alberto Alvarez Tufillo, agregado comercial de la embajada y algunos empresarios. Sadous mencionó que los empresarios que le habían referido el supuesto pago de sobornos estaba Eduardo Cabana, un ganadero que quiso exportar vaquillonas a Venezuela y José Aizpum, titular de la fábrica de ascensores Servas.
Sadous recordó algunos negocios, como la compra de maquinaria agrícola por 50 millones de dólares o una venta de mil vaquillonas. En este caso, complicó al ex secretario de Agricultura Javier de Urquiza. "Eduardo Cabana tenía un grupo para vender mil vaquillonas a Venezuela en agosto de 2004, cuando lo llamó y le comentó que Urquiza había formado un grupo alternativo para ese fin, desplazándolo por aquél, por lo que el dicente le pidió si podía elevar una nota de protesta pero no quiso hacerlo", afirmó Sadous. Declaró que Cabana le dijo que lo habían amenazado para que no hiciera la denuncia. Y él mismo tampoco la hizo porque -según sostuvo- no tenía otra prueba más que el relato del empresario.
Los empresarios mencionados por el diplomático y el ministro Julio De Vido salieron a desmentir de manera tajante las declaraciones de Eduardo Sadous ante la justicia. Eduardo Sadous dejó la embajada argentina en Venezuela luego de denunciar en un cable diplomático la desaparición de $ 90 millones de dólares pertenecientes a un fideicomiso constituido para llevar adelante el comercio exterior entre la Argentina y ese país. El dinero se habría utilizado para comprar dólares en el mercado marginal venezolano y obtener una diferencia de U$S 13 millones. De acuerdo con su testimonio, el diplomático habría declarado que el agregado de la embajada Alvarez Tufillo lo habría llamado para transmitirle un mensaje de Uberti: “Decile al embajador que se deje de joder, que eso lo manejamos nosotros”.
Al ser consultado sobre si hubo una cancillería paralela en Venezuela, Timerman respondió: “Hubo una Cancillería paralela en la imaginación de algunos periodistas”. Sin lugar a dudas una frase poco feliz viniendo de un periodista que no ha tenido repercusión pero que, frente a la declaración del ex embajador Eduardo Sadous en la justicia, objetivamente no parece que la historia sea producto de la mente afiebrada de ese periodismo que diariamente se empecina en describir un país virtual de acuerdo con las expresiones de la Presidenta. Las declaraciones de Sadous son graves y sus dichos deben ser investigados. En este marco, también son preocupantes las declaraciones del flamante canciller que han sido interpretadas por la oposición como una presión para que el diplomático mida sus palabras frente a los diputados. Un posible caso de corrupción que involucre a varios funcionarios del gobierno no es un secreto de estado, ni trata sobre cuestiones confidenciales que puedan perjudicar los intereses de la nación. La falta de información siempre es funcional a los corruptos, cuyos protagonistas necesitan operar siempre en las sombras para cumplir con sus objetivos.
Por otra parte, el Congreso es uno de los poderes del Estado, algo que Timerman debería saber; por lo que sus dichos sensibles que puedan ser seguirán dentro de la órbita estatal. Sadous no va a ir a declarar frente a un grupo de periodistas, lo hará frente a una comisión legislativa que entre sus funciones debe hacer el seguimiento de las relaciones exteriores. ¿Cuál es la preocupación del gobierno sobre lo que pueda decir Sadous? Parecen que son muchas.
Las relaciones entre la Venezuela de Chávez y la Argentina de los Kirchner siempre estuvo envuelta en sombras y sospechas de corrupción. El escándalo de la valija de Antonini Wilson, los viajes misteriosos de varios funcionarios a Caracas en aviones de empresarios, cuyo éxito coincide con el encumbramiento del poder del kirchnerismo; lentamente esas sospechas comienzan a tener cada vez más peso. En este contexto Eduardo Sadous parece ser un hombre que sabe demasiado.

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