sábado, 16 de julio de 2011

Maldita Buenos Aires.


A partir de la aplastante victoria de Mauricio Macri en la Ciudad el domingo pasado, el kirchnerismo ha reaccionado de una manera torpe que es funcional a las pretensiones del Jefe de Gobierno de buscar su reelección. Se enojaron con los votantes que votaron a Macri, no discuten la gestión del PRO en la Ciudad y hasta dejaron de criticar a Macri. Han decidido centrar la crítica en los 833.000 porteños que quieren que Macri siga. Aníbal Fernández, Fito Paéz, Peteco Carabajal y el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González; además de varios voceros menores de lo nacional y popular, fueron los encargados de fustigar a los vecinos que no hicieron más que ejercer su voto en elecciones libres.

El kirchnerismo olvidó que el interregno entre la primera y segunda vuelta en un sistema de ballottage, se utiliza para intentar seducir a aquellos votantes que se inclinaron por otras alternativas que no tuvieron los votos suficientes para llegar a la última instancia. No serán votos fieles porque en su momento eligieron otra alternativa, en todo caso serán votantes que consideran el mal menor al candidato por el cual se inclinen en la segunda vuelta. Por eso, las armas de seducción para captarlo deben ser muy bien utilizadas para captarlo y no para ahuyentarlo. Sin embargo, a pesar de la obviedad del argumento, el kirchnerismo ha decidido marchar en sentido contrario. Es como querer conquistar a una mujer diciéndole que es fea o que tiene algunos kilos de más. Eso es precisamente lo que está haciendo el kirchnerismo cuando el Jefe de Gabinete con bronca sentencia que la Ciudad se le parece a Macri, el asco que dice Fito que siente por la mitad de los porteños o la rebuscada explicación del Horacio González diciendo que “se instaló una ideología tacaña, particularista defensiva y egoísta”.

Daniel Filmus intenta poner paños fríos a esta andanada tratando de ensayar una autocrítica, pero frente a la catarata de declaraciones de sus supuestos defensores, todo termina siendo inútil. En este contexto Macri no necesita hacer campaña, sólo con seguir en la postura dialoguista y abierta que mostró en Costa Salguero la noche de su triunfo le alcanza porque sus jefes de campaña no militan en el PRO sino el Frente para la Victoria.

Las encuestas serias sostienen que la gestión de Cristina Fernández de Kirchner goza de una imagen positiva del 50% en la Ciudad de Buenos Aires. No es necesario ser un experto analista político para concluir, entonces, que una porción de los vecinos que votaron por Macri y que seguramente repetirán su voto el 31 de julio vayan a votar por la reelección de la Presidenta en Octubre. A ellos también están despreciando Aníbal Fernández, Fito Paéz y Horacio González. Claro, pero seguramente en las elecciones presidenciales estos serán rubios, altos y de ojos celestes; en orden a las contradicciones que marcan el estilo del gobierno.

Las reacciones del kirchnerismo revelan, además de desconcierto frente a la contundencia del resultado electoral, una gran dosis de soberbia y autoritarismo. En el fondo todas las expresiones de repudio al voto mayoritario de los porteños, lleva implícito el mensaje que no supieron votar, que son unos desagradecidos con el modelo que disfruta el resto del país que está comprometido con el bienestar de todos los argentinos. No debe olvidarse que en la matriz de pensamiento del kirchnerismo Patria, modelo y gobierno son una misma cosa; por eso quien está en contra del gobierno cuestionando el modelo no es otra cosa que un traidor. Por eso, los más de 800.000 vecinos de la Ciudad que se decidieron por la continuidad de Macri no son más que eso: una caterva de traidores.

Una vez más el gobierno demuestra que no tiene el más mínimo resquicio para la autocrítica y que esas encuestas engañosas por las que pagan millones que salen de los impuestos de todos los argentinos, las consumen ellos también. El colmo de la torpeza. Además, en estas últimas horas han evidenciado que les faltaron reflejos frente a un revés electoral que fue más contundente de lo que se creía y no tuvieron mejor idea que apelar a la agresión. Es claro que la soberbia y un profundo sentimiento autoritario no les permite ver el escenario electoral en toda su dimensión.

1 comentario:

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