viernes, 1 de julio de 2011

Nadie va por lo pañuelos blancos.


Juan Manuel Abal Medina es el Secretario de Comunicación del Cristina Fernández de Kirchner y uno de sus hombres de más confianza, junto con el Secretario Legal y Técnico Carlos Zanini. Abal Medina suena desde hace tiempo como uno de los posibles candidatos a integrar la fórmula con la Presidente, si ella finalmente decide postularse para un segundo mandato; algo que la semana que acaba se puso fuertemente en duda.

“Es una maldad imposible de calificar de calificar pretender empañar el prestigio de las Madres de Plaza de Mayo, dado que Hebe de Bonafini puso su vida en juego mientras esos mismos medios disfrutaban del poder y se quedaban con Papel Prensa y el país”, disparó Abal medina y calificó a Sergio Schoklender de “chanta y delincuente”.

Abal Medina sigue el libreto ideado por el gobierno a la perfección, de hecho él mismo es uno de sus mentores. La partitura oficial dice que hay que proteger a Hebe de Bonafini, aislar a Schoklender y apuntar contra los medios de comunicación. A ello hay que agregarle una buena dosis de teoría conspirativa, un condimento que el kirchnerismo ha usado hasta el abuso. Esto es los medios con un grupo no identificado en realidad lo que persigue es acabar con la política del gobierno en materia de Derechos Humanos, utilizando al escándalo que lo tiene a Schoklender como excusa. El Secretario de Medios es apenas un emergente de lo que repiten constantemente los funcionarios y el aparato mediático al servicio del gobierno. Sin embargo, Abal Medina y los voceros de siempre olvidan que este escándalo comenzó con una denuncia de las diputadas de la Coalición Cívica Elsa “Tata” Quiroz y Maricel Etchecoin. Además, soslayan que la denuncia hecha por las legisladoras a la UIF contra Sergio Shoklender estuvo cajoneada más de un año y que sólo cuando se hizo pública su titular, José Sbatella, decidió elevarla al fiscal anti lavado Raúl Pleé.

El gobierno tampoco reconoce que varios hombres y mujeres comprometidos con los Derechos Humanos como el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y hasta algunas Madres que no militan en la línea de Hebe de Bonafini pidieron que se investigue. Estela de Carloto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, de quien nadie puede dudar de su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y con este gobierno pidió enérgicamente que Hebe de Bonafini fuera investigada. Nada dicen los voceros de siempre sobre la falta de control de los dineros públicos que admitió Abel Fatala en la Cámara de Diputados o que prácticamente se “obligaba” a intendentes y gobernadores a contratar a las Madres de Plaza de Mayo a cambio de obtener fondos para construir viviendas. Obviamente, el gobierno sabía que detrás de cada acuerdo estaba Sergio Shoklender porque los firmaba en su calidad de apoderado de las Madres. ¿Alguien puede creer que el gobierno no estaba al tanto de lo que ocurría? Entonces, cabe preguntarse por qué el gobierno dejó que todo siguiera sin hacer nada. Es fácil, o varios funcionarios son cómplices o, en el mejor de los casos, son negligentes. A juicio del diputado Juan Carlos Morán este escándalo muestra una vez más la matriz de corrupción del kirchnerismo, que no es la primera vez que queda evidenciada y que siempre se estructura con un patrón similar: contrataciones directas y constitución de un entramado de empresas para canalizar los fondos públicos. El primer antecedente es el caso Skanska, desafortunadamente hoy prácticamente olvidado.

El gobierno sabía de las irregularidades que sucedían en la Fundación Madres de Plaza de Mayo al menos por dos vías. La ex ministra de economía Felisa Micheli, que todavía no puede explicar cómo y por qué apareció una bolsa llena de dinero en el baño de su oficina, había recalado en la Fundación justamente para poner en orden los números. De hecho, confeccionó un informe crítico donde dejó asentado el desfasaje de presupuestario que se verificaba. El propio Sbatella estaba al tanto de las denuncia que llegó a la UIF sobre las sospechosas operaciones inmobiliarias de Shoklender que a juicio de las diputadas denunciantes lo hacían sospechoso de lavar dinero. Nada de esto dicen los voceros de siempre y prefieren una vez más apuntar contra los medios de comunicación y pergeñar una conspiración que sólo anida en sus imaginaciones.

Nadie puede negar el compromiso de las Madres de Plaza de Mayo, como tampoco el de tantos abogados que presentaron Hábeas Corpus a riesgo de ser ellos mismos encarcelados; o de dirigentes sindicales y también de periodistas. Pero el gobierno prefiere ignorar los hechos que desarmarían su endeble estrategia mediática y prefiere mezclar todo. El papel de los grandes medios en la dictadura, Papel Prensa y las teorías conspirativas con actores que jamás identifica. La tormenta que desató la denuncia de la Coalición Cívica está vinculada a un posible caso de corrupción, que tiene como protagonista a un señor que hasta ahora no ha dado una explicación de cómo obtuvo sus bienes que no terminan de aparecer, pero que ha mentido mucho y se ha llamado a silencio porque sus propias declaraciones cada vez lo ponían en una situación peor. Pero Hebe de Bonafini está en la marquesina compartiendo cartel con quien consideraba un hijo, ella tiene la obligación de explicar; no a los medios pero sí a la sociedad.

En una democracia no hay intocables, sean quienes sean; pero el gobierno con su aparato mediático pretende aislar a Bonafini y cargar las culpas sólo sobre Shoklender. Los medios no tienen la culpa de la Ferrari, los barcos y los aviones que engrosan el patrimonio de Shoklender. Es más, ninguno de los editores que permanentemente son acusados por el gobierno nombró apoderado de la Fundación de las Madres a Sergio Shoklender. Hebe de Bonafini le extendió el poder para que tenga el poder.

Una vez más la pregunta que hay que hacerse es que hubiera pasado si la denuncia de la Coalición Cívica no se hacía pública. Hubiera seguido cajoneada y perdida en la infinidad de los tiempos porque por más de un año los funcionarios que ahora denuncian una conspiración en contra de los pañuelos no hicieron nada. La misma Hebe de Bonafini no hizo nada, porque debe recordarse que Sergio Shoklender dejó su cargo de apoderado de la fundación sólo cuando el escándalo estalló. Todos sabían lo que pasaba pero nadie hizo nada, por eso es muy bajo endilgarle la culpa a los medios.

Hoy, Hebe de Bonafini está en el mismo lugar que ella puso a tantos otros. No está acostumbrada a tener que dar explicaciones porque, además de su respetable y prestigiosa lucha, ella empuñó más de una vez el látigo verbal para fustigar a los que no piensan como ella. Amenazó, insultó y denostó a todos los que se pusieron en su camino y se erigió como la reserva moral del país. Nadie puede dejar de reconocer su valentía en los años más oscuros del país, que armada sólo con un pañuelo blanco y sus ganas de conocer la verdad se enfrentó juntos con un puñado de otras madres al aparato represivo más despiadado que la historia argentina recuerde. No reconocerlo esto sería necio, pero ello nada tiene que ver con lo que pasa ahora. Nadie va por la Hebe del pañuelo que reclamaba justicia dando vueltas en la Plaza de Mayo, que permitió que el mundo conociera la verdad y que demostró que en medio de tanta barbarie quedaba en la Argentina algún vestigio de civilización. Pero la Hebe que construye casas y que tiene una constructora casi tan grande como Techint tiene que dar explicaciones. Tiene que explicar qué pasó con el dinero del pueblo, que se supone que debía volver al pueblo en viviendas para los más necesitados. Los funcionarios también deben explicar si parte de la plata terminó engrosando el abultado patrimonio de los Shoklender. El ministro Julio De Vido y sus funcionarios como Abel Fatala deben explicar por qué el Estado no controló y decidió tercerizar la política habitacional en las Madres de Plaza de Mayo. El mismo Fatala reconoció que aún falta transferir a las Madres $ 500 millones, que totalizarán $ 1.260 que el Estado tiene proyectado invertir en viviendas. Los funcionarios también debieran explicar si esta suma tampoco se va a controlar y si todo seguirá como si acá nada hubiera pasado.

No hay una conspiración mediática orquestada por los sospechosos de siempre. Sólo se trata de un caso de corrupción con fondos públicos, sí sólo eso pero siempre eso. La plata para los pobres que este gobierno dice defender, se trata de la plata que millones y millones de trabajadores aportan a través de sus impuestos. De esa plata estamos hablando. Nadie va por los pañuelos blancos, en todo caso el que los manchó se llama Sergio Shoklender pero con el correr de las horas cada vez más funcionarios se están plegando a la tarea.

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