viernes, 6 de abril de 2012

Solitarius


El vicepresidente Amado Boudou ensayó un extenso monólogo como respuesta al allanamiento ordenado por el juez Daniel Rafecas a un departamento de su propiedad que lo tiene alquilado a Fabián Carosso Donatiello. Allí, la policía encontró un recibo de expensas del agosto del año pasado pagado por Alejandro Vanderbroele, el actual hombre fuerte de la ex Ciccone.
El vicepresidente no ahorró calificativos hacia el juez, a quien acusó de tener "una agencia de noticias para los medios más poderosos". Además, dijo que "es un brutal ataque a las instituciones". Acusó al CEO del Grupo Clarín de ser un o de los principales referentes de las mafias del país y lo caracterizó como el El Padrino que está detrás de las acusaciones en su contra.
"No llevé adelante ninguna acción para favorecer a la empresa Ciccone. Lo único que hice fue remitir una nota en la que contesté que es política de nuestro gobierno cuidar las fuentes de trabajo", se defendió Boudou contra la principal acusación que pesa en su contra y se relaciona con la recomendación que hiciera a la AFIP para que el organismo le concediera a la ex Ciccone una moratoria extraordinaria.
El juez Rafecas ordenó el allanamiento al departamento propiedad del vicepresidente en el marco de la investigación por supuesto tráfico de influencias. No hizo más que eso pero desató la furia del vice. "Voy a explicar la sustancia del vodevil mediático que se ha armado con algunos periodistas que se hacen los James Bond", disparó y continuó: "Mi problema no es Ciccone, mi problema es Boldt". Algo que es una obviedad porque justamente Boudou está siendo investigado para determinar si Ciccone era de su preferencia. Sin embargo, la acusación más grave la hizo contra el presidente de la Bolsa de Comercio, cuando lo acusó de haberlo querido coimear.“Hay una persona que es el presidente de La Bolsa de la República Argentina, Adelmo Gabbi, que me pidió una entrevista el 3 de marzo del año 2011 y me expresó que estaba muy asustado por mí. Me dijo que Tabanelli me iba a destruir pero que yo podía arreglar, que lo único que tenia que hacer era poner un número. El se iba a Punta del Este y lo iba a ver a Tabanelli podía poner un numero y solucionar este problema”, recordó Boudou.
Adelmo Gabbi es un hombre cercano al kirchnerismo y de muy buena relación con el ministro Julio De Vido. Pero lo curioso es que Boudou revela un hecho que supuestamente habría ocurrido hace un año pero que jamás denunció, cuando como funcionario público tiene la obligación de hacerlo.
Boudou atacó a unos y a otros, acusó y usó todos los recursos retóricos del kirchnerismo pero no aclaró nada sobre el fondo de un escándalo que lo tiene en el centro de la escena y cada vez más golpeado políticamente. Es cierto que desde el punto de vista judicial, el juez todavía no tiene probada la vinculación entre Boudou y Vandenbroele; y que el pago de las expensas del último, si bien es un indicio, no se trata de una prueba concluyente. Sin embargo, también es cierto que los indicios contra Boudou se van acumulando y aunque legalmente aún la investigación no haya avanzado lo suficiente como para probar un delito, también es cierto que en política las casualidades no existen. Hoy el problema de Boudou es éste, el cúmulo de casualidades y de contradicciones que juegan en su contra.
El largo monólogo que ofreció el vicepresidente, por momentos inarticulado y errático, ponen de manifiesto a un hombre preocupado que definitivamente ha dejado de ser un hijo dilecto del kirchnerismo que aspiraba a convertirse –por lo menos- en el sucesor de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. En su débil y poco fundamentado contraataque también hubo lugar para Daniel Scioli, vinculándolo con Boldt.
El monólogo de Amado Boudou ya generó sus primeras consecuencias. Los diputados Graciela Ocaña y Manuel Garrido anunciaron que lo denunciarán por incumplimiento de los deberes de funcionario público por no haber realizado las denuncias a la justicia de los supuestos hecho que reveló. "Vamos a pedir que se investigue y qué pruebas tiene (Boudou) porque está involucrando a un juez intachable como Rafecas y que ha tenido una actitud independiente", dijo Ocaña. Por su parte, el presidente de la Asociación de Magistrados Luis María Cabral dijo: "Estoy sorprendido por las declaraciones de Boudou que involucran a quien es considerado un reconocido, prestigioso e imparcial juez como Rafecas. Estas no son formas de responder a lo que pueda suceder en una causa", declaró el juez.
Hay que decirlo: Boudou tiene mala suerte. Tantas causas le tocaron a Norberto Oyarbide y justo la de él termina en el juzgado de Rafecas, que aunque lo quiera acusar de ser parte de una mafia que lo persigue, es considerado uno de los mejores jueces del desprestigiado fuero federal. Probablemente, estaría más cómodo con Oyarbide quien –como es su costumbre- tomaría algunas medidas espectaculares y luego la investigación languidecería. Tal vez, esto también sea un dato político que no haya que soslayar y no simplemente una mala jugada del destino. En política las casualidades no existen.
Amado Boudou se mostró tenso y en varios momentos desplegó una sonrisa tratando de disimular lo indisimulable, que un Jueves Santo estaba en el Senado tratando de defenderse; algo que demuestra la gravedad del moemnto por el que atraviesa. Boudou estaba solo. No contaba con un grupo de aplaudidores que apoyara cada una de sus acusaciones y casi en solitario Luis D’Elía lo bancó en Twitter. El vicepresidente dio la imagen típica de los funcionarios acorralados que creen que su mejor defensa es el ataque. Ni siquiera en eso Boudou es original, ni tampoco pudo desempeñar un papel que mínimamente fuera creíble. En varias oportunidades resaltó el hecho que es un vicepresidente elegido por el voto del pueblo. ¿Se trató de un mensaje dirigido a las entrañas del kirchnerismo? Es probable. En el gobierno son cada vez más los que piensan que es conveniente que el vicepresidente se tomara una licencia.
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner sigue mostrándose alejada del escándalo. Nunca dijo una sola palabra, sólo lo sienta a Boudou a su lado en los actos como una demostración de apoyo. Boudou es su creación y el costo político lo va a pagar ella. El vicepresidente no es más que un ave de paso en el juego del poder, que ocupa un lugar para el que no está preparado. ¿Cuánto tiempo más Cristina Fernández de Kirchner se va a mantener en silencio?
Nervioso y errático a lo largo de un extenso monólogo sin sustancia, Amado Boudou demostró que está solo y que no siempre la mejor defensa es un buen ataque.

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