lunes, 24 de marzo de 2014

Moscú convoca a Kiev a dialogar.



Sin embargo, lejos de disipar la tensión, tropas rusas tomaron ayer el control de la base aérea de Belbek, uno de los últimos bastiones de Ucrania en Crimea. De esta forma, Rusia tomó el control militar de la península.
Rusia lamentó ayer las nuevas sanciones adoptadas por la Unión Europea (UE) en represalia por la reincorporación de Crimea a su territorio y consideró que es hora de volver al diálogo. “Es una pena que el Consejo Europeo haya tomado una decisión alejada de la realidad”, dijo el portavoz de la cancillería rusa, Alexandr Lukashevich. Al mismo tiempo, Ucrania expresó la necesidad lograr un acercamiento con Moscú. “El modelo finlandés es una opción para Ucrania: vecino de Rusia, miembro de la Unión Europea, pero no miembro de la OTAN. Es importante para Ucrania tener buenas relaciones vecinales con Rusia”, señaló el canciller ucraniano, Andrei Deschitsa. Sin embargo, lejos de disipar la tensión entre ambos países, tropas rusas tomaron ayer el control de la base aérea de Belbek, uno de los últimos bastiones de Ucrania en Crimea. De esta forma, Rusia tomó oficialmente el control militar de la península e izó su bandera en todas las instalaciones locales.
A pesar de su intención de reanudar el diálogo con Kiev, Luka-shevich sostuvo que “la parte rusa se reserva el derecho de dar una respuesta adecuada a la medida tomada” por Bruselas. Los 28 miembros de la UE ampliaron a 33 la lista de sancionados rusos y ucranianos por la reincorporación de Crimea a Rusia, promulgada el viernes por el jefe del Kremlin, Vladimir Putin, y pidieron que se preparen medidas económicas contra Moscú si continúa su avance en territorio ucraniano más allá de la península. “Creemos que es hora de volver al terreno pragmático de la cooperación que responde a los intereses de nuestros países”, destacó Lukashevich, en una muestra de la importancia estratégica que da a sus relaciones con la UE.
Por su parte, Deschitsa expresó que “la neutralidad de Finlandia es el modelo a seguir para Ucrania si quiere mantener buenas relaciones con Rusia”. En una entrevista publicada por el diario Die Presse en Viena, aseguró que su país no contempla una entrada en la OTAN. “Hablar sobre una entrada en la OTAN provocaría a Rusia a reaccionar de forma inmediata e imprevisible”, reconoció el canciller. Por eso, Deschitsa aboga por el modelo de neutralidad de Finlandia, un país en donde él mismo fue embajador.
Deschitsa agregó que Kiev está trabajando en una propuesta para constituir la península “como zona desmilitarizada bajo la supervisión de Naciones Unidas”. Por eso, antes de retirar sus fuerzas militares de Crimea, el gobierno ucraniano quiere esperar si se acepta esa propuesta. “La iniciativa debe ser analizada por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU. Entonces podríamos llegar a una resolución que sea vinculante para no- sotros”, consideró el ministro.
Además, Deschitsa reconoció que la presencia de tropas rusas en la frontera este de Ucrania preocupa mucho a Kiev, al igual que la entrada de “denominados turistas políticos” de Rusia, que “quieren provocar el caos en el este de Ucrania”. Por otra parte, admitió que el gobierno ucraniano cometió varios errores, sobre todo el de adoptar una nueva ley de lenguas, que iba a limitar el uso del ruso, aunque al final nunca entró en vigor. Sobre el futuro del conflicto de Ucrania, dijo que todo depende de la fortaleza de la posición de Ucrania y del resto del mundo. “Es que esto no es sólo un asunto interno de Ucrania o bilateral con Rusia. Está en juego la seguridad de Europa y tal vez de todo el mundo”, afirmó Deschitsa.
Pero la puja entre Kiev y Moscú prosiguió ayer en la península. Al menos seis carros blindados rusos participaron en el asalto de Belbek, durante el cual se oyeron disparos y al menos un periodista resultó herido, según varias fuentes citadas por el periódico ucraniano Ukrainskaya Pravda. Según la televisión ucraniana, la base militar fue atacada con granadas aturdidoras lanzadas por miembros de las llamadas autodefensas de Crimea, a los que el gobierno de la península dio status de unidades militares. El primer ministro de Crimea, el prorruso Serguei Aksionov, subrayó que Belbek había sido “liberada de las tropas extranjeras”.
El comandante de la base, Yuli Mamchur, fue uno de los primeros en exigir al Ministerio de Defensa de Ucrania que decidiera el futuro de los militares ucranianos emplazados en Crimea. Además, reconoció que los soldados son conscientes de que no podrán “resistir por mucho tiempo contra unas tropas rusas más numerosas, mejor armadas y preparadas”.
Sin embargo, el ministro de Defensa ucraniano, Igor Teniuj, cargó sobre la cúpula política de su país la responsabilidad de tomar una decisión sobre el futuro de las tropas de este país en la península del Mar Negro. “La situación en Crimea es extremadamente tensa, y así se lo transmitimos a diario a las autoridades del Estado. Para resolver esta situación debe haber una decisión de la dirección política” del país, dijo Teniuj.
El segundo comandante del batallón de infantería marina de Kerch (Crimea), Alexei Nikiforov, se quejó de la desidia de las autoridades ucranianas. “Ni un representante del Estado Mayor visitó la unidad en todo este tiempo. Ni un solo representante de la Comandancia de la Armada vino aquí desde el 1º de marzo”, lamentó. El oficial ucraniano explicó que la mayoría de los soldados de su unidad, que el viernes izó la bandera rusa, quieren pasarse de bando y servir en la Armada de Rusia.
En tanto, el Ministerio de Defensa ruso informó que 54 de los 67 barcos de la Armada ucraniana emplazados en Crimea se cambiaron de bando y responden a las Fuerzas Navales rusas. Además, Moscú asegura que un total de 147 unidades y destacamentos ucranianos en Crimea izaron la bandera rusa y que de los más de 18.000 militares de las Fuerzas Armadas de Ucrania destinados a ese territorio, menos de 2000 manifestaron su deseo de ser trasladados a Ucrania.

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